Reflexiones surgidas del debate en la Feria Anarquista del Libro de Lisboa – Liza Plataforma Anarquista de Madrid

Reflexiones surgidas del debate en la Feria Anarquista del Libro de Lisboa – Liza Plataforma Anarquista de Madrid

Con motivo de la Feria del Libro Anarquista de Lisboa hemos podido participar en un debate abierto en torno a la organización dentro del movimiento libertario. Compartimos mesa de ponencia con Embate COPOAP de Portugal y Embat de Cataluña. Por motivos de privacidad de los asistentes solo se grabó la presentación de nuestra charla, pero el debate nos permitió desarrollar en profundidad algunas cuestiones claves sobre estrategia y perspectiva que compartimos aquí. Las reflexiones aquí recogidas siguieron a la presentación que podéis ver en nuestras redes.

– Sobre la Federación en relación con el problema político del anarquismo social y organizativo.

Como señala un compañero asistente al debate, la unión sin una profunda reflexión sobre las estrategias y objetivos es innecesaria e inoperante. En el mejor de los casos, algo así, una unión entre organizaciones y colectivos libertarios, pero sin acuerdo estratégico, analítico e ideológico solo puede crear un espacio de coordinación y apoyo mutuo, que es mucho, pero en nuestra opinión insuficiente.  

Cuando nosotras nos definimos como anarquistas organizativos no estamos negando la capacidad organizativa del resto de corrientes dentro del movimiento libertario. Lo que señalamos es que nuestro interés es generar dos espacios fuertes y amplios que favorezcan la acumulación de fuerzas entre las masas sociales de trabajadores. Para esto optamos por la construcción de un primer espacio específicamente anarquista donde se construya una unidad ideológica y estratégica profunda que nos permita intervenir en los movimientos de masas en una dirección revolucionaria. El segundo espacio que queremos potenciar es el social o proletario. Es decir, creemos que los anarquistas deben organizarse para intervenir en los movimientos de masas intentando que estos adquieran formas fuertes, combativas, organizadas y capacitadas para enfrentar los desvíos reformistas, las cooptaciones y el autoritarismo.

En este sentido entendemos que una federación de grupos especifistas o plataformistas debe pretender construir esa unidad estratégica e ideológica a nivel internacional. Es nuestra forma de entender el internacionalismo.

-Sobre el Municipalismo libertario y las experiencias de Rojava y el EZLN.

No se puede hacer una evaluación respetuosa sobre estas experiencias de lucha que no atienda a estos procesos en el Kurdistán y en el México insurgente con la profundidad que merecen cosa que aquí no podemos abordar por una cuestión de tiempo. Sin embargo, podemos intentar enlazar algunas experiencias surgidas de la corriente autonomista con el planteamiento teórico del municipalismo libertario de Bookchin y Biehl sí que podemos hacer algunas reflexiones.

En primer lugar, ambos procesos (Rojava y EZLN) son experiencias de lucha y gestión del territorio desde planteamientos horizontales, que funcionan como un ejemplo y un campo de experimentación que demuestra lo que somos capaces de crear bajo formas diferentes de organización a las propias del capitalismo, es decir, de organización socialista.

Sin embargo, los acercamientos a ambas luchas tendemos a realizarlos desde occidente parten de un ángulo romantizador y muy poco crítico. Posicionamiento que nos impide plantear algunos cuestionamientos a la implementación de ciertas estrategias. Quizás el principal problema para nosotras es el que produce el encapsulamiento de ambos espacios y la subsiguiente imposibilidad de internacionalizar los procesos emancipadores. Desde nuestra perspectiva, el municipalismo (como forma de autonomismo en la práctica), independientemente de su escala, si no consigue superar los marcos del ámbito local y nacional conectándose a otras luchas y ampliando sus fronteras de una forma real, queda condenado a la resistencia, la posibilidad de burocratización y el exotismo.

Desde occidente, ávidos de otras formas de hacer y construir la realidad, observamos con atención algunas tácticas organizativas, a la vez que omitimos o lanzamos a un segundo plano la construcción de estructuras consolidadas y amplias. En otras palabras, tendemos a quedarnos con lo que nos parece más pintoresco y espectacular mientras que no damos el suficiente valor a su capacidad organizativa a gran escala.

Antes de avanzar es necesario reseñar que las experiencias insurgentes mencionadas surgen de la posibilidad real de dotar de gobernanza real a un espacio geográfico amplio, cosa que en occidente no parece aplicable.

A su vez, desde Madrid, nos es imposible realizar una crítica al autonomismo y al municipalismo libertario sin prestar atención a su desarrollo en el Ayuntamiento de Manuela Carmena. Es esencial un acercamiento a las propuestas teóricas y a su expresión en las experiencias reales. El papel lo aguanta todo, pero si comparamos las teorías con las prácticas implementadas podemos observar grandes contrastes que sería imprudente olvidar. Si comparamos el ayuntamiento de Manuela Carmena con algunas de las propuestas lanzadas por Bookchin y sistematizadas por Biehl vamos a poder observar como contrastan radicalmente;

  1. Mientras en el plano teórico se propone la creación de asambleas populares que consiguen espacios de representación en las instituciones, la realidad nos muestra algo muy diferente. El “asalto” institucional necesitó para ser posible conformar de un frente tan amplio y ecléctico que implicó agrupar a agentes del estado burgués como la jueza Carmena, partidos del régimen implicados en la construcción del propio sistema burgués, partidos populistas neorreformistas y un grupo más o menos amplio de autonomistas libertarios. Todo esto sin una ligazón con unas bases con verdadera democracia, por supuesto.

Dicho de otro modo más claro, la opción institucional no surgió de la acumulación de fuerza de asambleas independientes, sino de la construcción de un entramado interclasista de aparatos que pretendían representar al sujeto “ciudadano”. Es normal que dudemos de la posibilidad real de seguir el proceso expuesto por Bookchin y Biehl a la par que tener la certeza absoluta de que dicha alianza con aparatos que pretenden defender el statu quo no tiene ninguna potencialidad emancipadora.

2. Mientras el papel aguanta que la entrada en las instituciones supone la toma de un poder considerable, en la realidad nos encontramos ante una impotencia constante dada la falta de competencias del consistorio. No se pudo remunicipalizar, no se pudo afianzar los centros sociales de gestión ciudadana, no se puedo hacer una profunda redistribución de la inversión pública… simplemente es una vía impotente.  

3. Mientras que la teoría sostiene que esa entrada en las instituciones será seguida de una acumulación de fuerza social, lo que hemos podido observar y sufrir es la desmovilización del tejido social y el debilitamiento de las organizaciones sociales.

Aunque nuestras diferencias con el municipalismo libertario son más amplias queremos señalar las principales:

  1. Nosotras consideramos que el sujeto político emancipador y revolucionario sigue siendo el trabajado frente al “ciudadano” interclasista.
  2. No compartimos la idea de que la falta de conciencia de clase sea parte de la esencia del sujeto social actual sino un efecto de la intervención política de las fuerzas políticas del régimen, en especial de las reformistas.
  3. Sabemos que los ataques despiadados a cualquier poder popular que se quiera agrupar se producirá con mayor antelación de lo que parece pronosticar la teoría, lo que implica que cualquier estrategia que no atienda desde el primer momento al problema de la autodefensa cometerá un error que se pagará muy caro.

– Sobre la cuestión de la insurrección y el debate con el anarquismo cultural o educacional

Evidentemente consideramos que la educación en valores críticos y libertarios es esencial para crear condiciones que favorezcan la lucha contra las fuerzas del capitalismo. La creación de conciencia de clase, la formación, el rescate de nuestra historia, el debate ideológico y la propagación de la Idea son necesarios, pero en nuestra opinión no suficientes.

Cuando en el debate se plantea el rechazo a la violencia, a la insurrección y a la revolución como un rechazo profundo a la imposición de los ideales libertarios, y además, como alternativa se propone la educación libertaria, nosotras pensamos que no se hace un análisis riguroso a nivel estratégico. Si bien, la intervención cultural y en el plano de los valores es clave, desde Liza pensamos que constituye una pieza táctica y no la única herramienta para favorecer la construcción de fuerza social y emancipadora.

Creemos que este posicionamiento no llega a comprender que la confrontación con el poder es una decisión que no está en las manos de las fuerzas socialistas. La represión, la persecución y los ataques son constantes, la hemos sufrido mil veces y las volveremos a padecer. La cuestión no es si en un proceso emancipatorio se dará una pugna violenta contra las fuerzas de la reacción, sino como de preparados podemos llegar a ese enfrentamiento. Este planteamiento culturalista esconde otros dos problemas aún más profundos e importantes. En primer lugar, y llevado al extremo, es profundamente reformista y se niega participar en la ruptura. En segundo y último término concibe al capital como un sistema de valores y no como una estructura de opresión muy real.

– Sobre el anarquismo individualista y de estilo de vida.

Desde Liza luchamos por que el anarquismo sea una ideología dotada de una estrategia anarquista revolucionaria y que la vida de los militantes está enfocada a este fin. Entendemos que, en este sentido, ser anarquista es llevar una forma de vida. El problema, por tanto, no surge de entender el anarquismo como una forma de vida, sino que entendemos por anarquismo.

Nuestra intención es contraponer la implicación y el trabajo organizativo a las perspectivas individualistas e inspirarnos en las anarquistas revolucionarias que se trasladaban donde hiciese falta para transmitir la Idea, que se dejaban la piel en la construcción de organizaciones sociales y obreras, aque después de jornadas matadoras de trabajo encontraban las fuerzas suficientes para reunirse con otros compañeros y compañeras para leer, reflexionar y estudiar, cuando los que sabían leer eran la excepción, y en condiciones de persecución más agudas que las actuales. En definitiva, proponemos que el modelo de vida del anarquista sea el de las revolucionarias que nos precedieron, pero para que esto no sea solo una romanización del pasado, implica traer al aquí y al ahora una épica y ética militante de verdadera implicación revolucionaria.


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