Construir la Utopía – Programa estratégico 23-24

Presentación

Siguiendo las aportaciones teóricas de Rafael Viana da Silva, la práctica de la ideología anarquista requiere el desarrollo claro de al menos tres aspectos.

El primero es la “formulación de un objetivo finalista”, que Liza explicitó en su “Texto Fundacional” al definirse como una Organización de socialistas, anarquistas y revolucionarios. El objetivo último es, por tanto, la superación del sistema capitalista por un sistema de autogestión socialista y libertario que procure la emancipación total de la humanidad.

El segundo y el tercer paso exigido por da Silva es la “comprensión definida de la realidad en que se vive por medio de su análisis profundo y exhaustivo” y la consecuente “previsión más aproximada posible del futuro de esta realidad (y) de su transformación.” Es decir, la construcción de un diagnóstico sociopolítico del que podamos extraer conclusiones sobre el previsible desarrollo de los acontecimientos. Diagnóstico que sólo posee sentido si tiene por objeto posibilitar la intervención de los militantes revolucionarios con la mayor precisión posible de acuerdo con sus objetivos transformadores.

El documento “Programa estratégico 23/24” es por tanto un análisis y una guía de intervención inscrito dentro del marco “Construir la Utopía”. Es un texto indisociable del “Texto Fundacional” publicado por Liza este mismo año, pero incompleto si no está acompañado por un “Código Militante” en el que estamos actualmente trabajando.

Si el “Texto Fundacional” responde a la pregunta: ¿Qué es Liza?, exponiendo sus objetivos y principios; el presente texto (“Programa Estratégico”) debería responder a: ¿Cómo es el mundo a revolucionar?. Como decimos, se trata de un trabajo incompleto si no se articula con un código en el que respondamos: ¿Cómo vamos a militar?

Plataformismo y Estrategia de Militancia Dual

Como adelantamos en nuestro “Texto Fundacional” nos adherimos a la estrategia ya clásica del anarquismo de la Militancia Dual. Esto implica la conformación de un grupo específicamente anarquista (LIZA) donde se procure a través de la formación, el debate y el consenso una unidad ideológica y práctica desde donde poder intervenir en los movimientos de masas.

Desde una perspectiva clasista, el objetivo es favorecer el incremento de Fuerza Social en manos de los desposeídos y en favor de la lucha por sus intereses hasta generar la fuerza suficiente capaz de superar los límites del sistema capitalista y hacer efectivo un sistema de autogestión.

Esta Fuerza Social es entendida como la capacitación de la clase trabajadora para lograr una victoria efectiva sobre las fuerzas capitalistas e implica capacidad de análisis, conciencia de clase y organización revolucionaria.

La Estrategia de Militancia Dual entiende que estas condiciones (analítica, concienciadora y organizadora) para obtener Fuerza Social en manos del pueblo trabajador y desposeído implican a los anarquistas revolucionarios y los obliga a responsabilizarse de producir las condiciones necesarias para hacerlo posible. A la par esto, implica un fortalecimiento del Movimiento Libertario y de las Tendencias Especifistas en el mismo sentido.

Una conceptualización necesaria antes de avanzar en el diagnóstico.

Revolución como ruptura sistémica

Cuando nos definimos como una organización revolucionaria lo que afirmamos es que nos embarcamos en un proceso dialéctico entre análisis y acción que tenga como objetivo central la construcción de una fuerza antagónica a la capitalista acorde con los principios libertarios, que pueda desbordar los límites sistémicos y producir una realidad social emancipadora para el total de la humanidad.

En este sentido, nos posicionamos como una organización cuyo objetivo final es radicalmente rupturista al considerar que la superación del sistema de dominación capitalista sólo es posible a través de su completa destrucción y de la creación de un sistema social alternativo fundado en los principios anarquistas de igualdad y libertad plena. 

Esta concepción rupturista significa aceptar el conflicto total clasista, y de este previsible conflicto se desprende la necesidad de fortalecer y preparar a nuestra clase para poder vencer en dicho combate. Sin embargo, esta afirmación no ofrece un guión cerrado y unívoco más que aquel que asegura que las estrategias simbióticas (aquellas propuestas que pretenden reformar el sistema capitalista desde dentro) son una vía muerta e incoherente con nuestros principios libertarios.

Una crítica a las estrategias intersticiales  

Definimos por estrategias intersticiales aquellas que consideran que, sin superar el sistema de dominación capitalista, se pueden construir espacios alternativos a sus lógicas y que, a través de la acumulación de dichos entornos liberados (más humanos, razonables y ecológicos), se puede mostrar como un modelo antagónico que termine superando los marcos capitalistas. 

Estas estrategias son las dominantes en las lógicas de proyectos municipalistas y cooperativistas (autonomistas en un sentido amplio) aunque no siempre son explícitas. Desde nuestra posición, entendemos que estos proyectos y espacios no tienen por sí mismos un potencial de cambio real a gran escala y que sólo su articulación y proyección estratégica, con una perspectiva rupturista, pueden dotarlos de un carácter revolucionario. 

Hacia la lucha final

La construcción e implementación de una estrategia revolucionaria pasa inevitablemente por la doble tarea militante de análisis/proyección y práctica. Si el análisis es el proceso a través del cual una organización construye un diagnóstico sociopolítico del momento presente, la proyección es la consecución y articulación de acciones que debe llevar a cabo para el logro de sus objetivos. En este sentido se trata de construir una teoría aplicable de acción revolucionaria en la que se suceden constantemente las acciones analíticas, las proyecciones y las acciones militantes. 

Análisis de los procesos revolucionarios a nivel macro

Para poder ubicarnos dentro de un plan estratégico concreto, tenemos que entender que los procesos militantes necesitan ir avanzando en el logro de sus objetivos parciales, poder consolidar los avances logrados y seguir hacia puntos más elevados en los procesos sociales de antagonismo de clase. 

Para ello, podemos esbozar a nivel macro diferentes momentos sociales con respecto a su potencial conflictivo y emancipador. Cada uno de estos niveles tiene sus características propias y por tanto requiere de tácticas e intervenciones específicas. Es importante entender que hablamos de tipos ideales (categorías teóricas que en la realidad siempre son más complejas) y de procesos que no son unidireccionales, ya que los movimientos se pueden dar en diferentes direcciones debido a que en ellos operan diversas fuerzas. 

La catalogación de dichos espacios debe de atender al nivel de conflictividad social, al nivel de profundidad de crítica y de conciencia de clase, al nivel de organización y a su fuerza de choque. 

  1. Paz social

La paz social implica un grado alto de consenso en cuanto al mantenimiento de las relaciones sociales hegemónicas. En este periodo no solo hay un clima de apaciguamiento, sino que priman las posiciones conservadoras. La conciencia de clase es prácticamente nula y la organización social se entiende por innecesaria.

      2.    Conflictividad social

Aunque los procesos de manifestación del descontento no son generalizados, en esta etapa se pueden observar diferentes fenómenos sociales y cierta crispación. Cierto nivel de problematización de la realidad social es evidente, aunque no unívoco. Se observan diversidad de análisis sociales y de propuestas políticas alternativas que son vehiculadas principalmente dentro de los cauces habilitados por el sistema. Las organizaciones responden a conflictos dentro de los marcos hegemónicos y la conciencia de clase y su nivel más elevado de análisis no logra alcanzar a grupos amplios. 

       3.   Revuelta

El grado de conflictividad es grande y además está localizado en unas temáticas o en unos estratos sociales determinados. El conflicto es abierto y ha desbordado los caminos pautados por el sistema para su gestión, lo que no implica que las demandas alzadas incluyan una crítica sistemática amplia. Los análisis clasistas empiezan a ampliarse y las experiencias de lucha favorecen la creación de una conciencia obrera. Las organizaciones tienen dificultades para superar las trabas de la fragmentación procurada por las burocracias, cuya principal estrategia será mantener las luchas y demandas separadas. 

       4.   Proceso prerrevolucionario

Es un momento social donde las revueltas se amplían a más sectores y a más demandas de las iniciales y donde empiezan a despuntar propuestas prácticas y políticas que cuestionan el propio sistema. Las organizaciones se ven forzadas al posicionamiento estratégico con sentido revolucionario o reformista.

       5.   Proceso revolucionario

En este periodo se ha consolidado la constitución de un frente amplio que cuestiona el sistema y que se proyecta más allá del mismo. La confrontación es abierta y total y la reacción adquiere un carácter de guerra. 

       6.   Revolución

Si se consigue superar las fuerzas sistémicas hegemónicas e implantar un modelo alternativo se inaugura el periodo propio de la revolución. La destrucción de las estructuras e ideas previas y la construcción y hegemonía de las nuevas no es un proceso inmediato. Esto supone un impasse histórico de suma importancia, dado que la organización, y la idea que termine por implantarse, condicionará el surgimiento de un sistema emancipador o la degeneración del proceso.

       7.   Reacción

La reacción no supone sólo la fuerza capitalista que intentará sofocar cualquier proceso transformador sino aquellas dinámicas o actividades contrarrevolucionarias. Para los anarquistas, la contrarrevolución es tanto la fuerza conservadora que se resiste al cambio sistémico como cualquier corriente que pretenda usurpar el poder estatal, económico, político o militar en vez de destruirlo. 

       8.   Socialismo

Sociedad igualitaria y libertaria donde las relaciones de clase son abolidas.

Internacionalismo 

El internacionalismo revolucionario no solo es un imperativo moral de cualquier anarquista, sino que además es la condición necesaria para la supervivencia de los procesos revolucionarios en contra de sus degeneraciones o derrotas. De alguna manera los proyectos nacionalistas y etapistas incurren en la misma lógica intersticial pero a escala global. 

Entornos de intervención

Para poder afinar en nuestras proyecciones estratégicas, se hace imprescindible una buena caracterización de los entornos sociales determinados que se activan en procesos combativos. Esta caracterización supone atender a su configuración sociológica (edad, clase, género…), a su configuración política (tendencias, tipos de estrategias de fondo, afiliaciones…), a la motivación de su confluencia y a las formas organizativas construidas. 

Nuestros objetivos particulares en dichos espacios tienen que estar alineados con los generales de la etapa que, a su vez, deben ir enfocados a la consecución de nuestro objetivo final que es la revolución social. Estos objetivos deben ser claros y explícitos en consonancia con nuestros principios libertarios y nuestro código ético militante.

Tipologías generales de espacios por su configuración política y objetivos amplios para cada entorno social concreto

Otra vez nos encontramos con una tipología teórica que evidentemente es superada por la complejidad social. Nos servimos por tanto de tipos ideales para intentar favorecer un análisis y proyección ajustados.

Cada espacio social requiere de la proyección de uno objetivos amplios alineados con el objetivo final y el objetivo general de la etapa.

Movimiento especifista

Los movimientos especifistas son colectivos o federaciones libertarias con las que tenemos una sintonía estratégica general. Esto quiere decir que entendemos que los anarquistas deben organizarse en grupos con afinidad ideológica para producir una praxis coordinada. Lo que ha venido a llamarse estrategia revolucionaria dual.

No obstante, hay muchas otras cuestiones en las que no tenemos porqué tener un consenso pleno. Este disenso se puede deber a la composición de los colectivos o de los espacios sociales en los que se inscribe, a la fase propia o social en la que se encuentra, a las proyecciones particulares que hayan construido o a otras propuestas teórico-estratégicas. 

En estos entornos tenemos dos principales objetivos: 

  1. Generar lazos fuertes y fluidos de contacto y apoyo a través de la federación efectiva. 
  2. Problematizar los análisis y estrategias que nos parezcan erróneas o perniciosas. Que sea el espacio de mayor afinidad ideológica y estratégica no nos exime de una responsabilidad crítica. 

Movimiento libertario

Por ML entendemos aquel entorno cercano a los ideales anarquistas, pero con una elevada pluralidad de matices estratégicos y analíticos. Las diferencias estratégicas tienen una importancia crucial porque están asentadas sobre las valoraciones, los objetivos y los diagnósticos que realiza cada tendencia. Esto significa que una diferencia estratégica muy amplia es la que surge de unos principios, diagnósticos y fines muy alejados. La proximidad ideológica se ve todo el rato nublada por prácticas y diagnósticos contradictorios o espacios donde la afinidad es casi total, menos en las propuestas que articulan las estrategias más amplias hacia un horizonte revolucionario. Dentro del ML encontramos corrientes insurreccionalistas, autonomistas, culturalistas, sindicalistas y sociales. 

Con algunas corrientes no es solo que encontremos una gran afinidad, sino que somos parte militante de las mismas. Muchas de nosotras participamos en corrientes autonomistas, sindicalistas, sociales y culturalistas y lo que cuestionamos y pretendemos superar, como ellas mismas hacen en muchas de sus expresiones concretas, son los límites combativos que tienen.

El ML es un entorno complejo y muy reactivo en el que debemos participar no solo con el código militante que asumimos sino con un especial respeto y cuidado. Debemos cuestionar los análisis y las estrategias sin perder de vista que nuestro objetivo es la ampliación de las bases y el impacto de las ideas libertarias, revolucionarias y antiautoritarias. 

Esto implica:

  1. Luchar por la construcción y defensa de espacios fértiles y honestos para el debate y la colaboración entre militantes libertarios.
  2. Intentar consolidar experiencias en espacios libertarios para el apoyo de movimientos más amplios que puedan servir de referente ideológico y estratégico para personas y movimientos no libertarios, pero sí combativos.

Movimientos de tendencias 

Un movimiento de tendencia es aquel en el que se encuentran diferentes corrientes políticas del socialismo. Allí participarán colectivos y militantes de otras corrientes del ML y socialistas de corrientes revolucionarias y/o reformistas. Son espacios complejos donde se organizan acciones que pretenden un nivel más alto de impacto y que suelen estar restringidas a momentos puntuales como la organización de una manifestación o de una coordinadora antirrepresiva.

Estos espacios son útiles para localizar a los colectivos más afines ideológica y estratégicamente y para delatar y combatir derivas autoritarias o reformistas. En ellos debemos instalar un espíritu abierto a la cooperación y coordinación sin desatender en ningún momento nuestras obligaciones como libertarios.

Movimientos de masas o social

Los movimientos de masas son aquellos espacios donde confluyen un amplio espectro social y político. Allí encontraremos a individualidades y militantes de otras corrientes socialistas (con mayor o menor fuerza e interés estratégico) y otro tipo de organizaciones sociales menos politizadas. La diferencia propuesta entre social y político pretende hacer hincapié en la intención de la segunda para comprender las luchas concretas en relación a un orden sistémico y proponer estrategias coherentes con este planteamiento anticapitalista.

Intervenir en los movimientos de masas es, quizá, la tarea más importante para los anarquistas revolucionarios, porque tiene la potencialidad para convertirse en el entorno de verdadera Fuerza Social. Allí nuestros objetivos son apoyar la construcción de dinámicas organizativas antiautoritarias amplias de análisis anticapitalista, atentos a los mecanismos de desvío y cooptación; y procurar que la lucha adquiera un carácter cada vez más sistémico y por lo tanto una conciencia clasista más profunda. 

Análisis de contexto global e internacional del capitalismo imperialista

En un mundo en continuo conflicto y guerra a las oprimidas es más complejo realizar unas atinadas proyecciones sociales y vislumbrar sendas emancipatorias, el shock es el medio natural en el que se mueve el capitalismo como pez en el agua. Es el capitalismo global quien nos inocula distopía cotidianamente, quien nos ha convencido del fin de la historia según anunciaba el neoconservador Francis Fukuyama en 1992, quien ha cooptado completamente las narrativas socio-políticas y ha conquistado la hegemonía cultural.

En ese muro compuesto de barbarie, es donde se hace necesario por nuestra supervivencia emancipadora explorar las brechas del muro, introducir los dedos y tirar fuertemente para agrandarlas. Este mundo capitalista tiene un tablero de juego bien definido con actores geopolíticos complejos y una economía financiera criptotecnológica, todas las piezas son reemplazables siempre y cuando no se desdibuje ese tablero. Pero el capitalismo no tiene en cuenta siquiera que el tablero se asienta sobre un planeta con límites ecológicos y medioambientales. El sistema actual se ha convertido en un monstruo contrario a toda lógica humana y científica. Es una locomotora sin frenos que ha logrado enraizar enormemente su motor de supervivencia de ilimitado crecimiento del capital a costa de explotación y muerte, y que nuestras vidas difícilmente puedan desligarse de ese sistema de caos a todos los niveles.

Un mundo multipolar

Desde los años 90 hemos padecido una expansión ilimitada del neoliberalismo, siendo el corazón de la bestia el denominado Norte Global (EE.UU., Canadá, Europa, Australia y Japón), donde se viven evidentemente consecuencias graves y precariedad, debido a las crisis cíclicas y en base a la reorganización multipolar del mundo, y sin embargo, la guerra declarada abiertamente es a las poblaciones en las periferias de estas latitudes. Continentes como América Latina, África y casi la totalidad de Asia, son prisioneros del extractivismo de recursos, de la deuda externa y las deslocalizaciones industriales.

Ese imperialismo unipolar estadounidense que se consolidó en los años 90 está evolucionando hacia un mundo multipolar. EE.UU. ya no puede sofocar las crisis exclusivamente con golpes de mando sobre América e invasiones militares sobre otros territorios. Otras potencias están reclamando su parte del pastel, pero los valores de esos movimientos geopolíticos los marca siempre la lógica de mercado. Esa sensación de gran declive estadounidense es una sensación psicosocial que se instala en el resto de la globalidad, pero no se traduce materialmente. El imperialismo sigue vivo y actuando criminalmente, en la actualidad se está convirtiendo en nuevos bloques o polos que están profundamente interconectados y dependientes entre sí.

A día de hoy, el objetivo de este imperialismo con sus distintos polos es una carrera por la preeminencia económica energética y tecnológica, fundamentalmente la protección a ultranza de ese capital tecnológico y energético, es decir, que la economía ya no es producción material. Además, el uso y consumo de la tecnología capitalista está provocando una grave brecha social con consecuencias e impacto sobre las vidas de los individuos de las sociedades globales. Actualmente no se produce tecnología a escala humana, ya no es posible conquistarla para los intereses de las clases oprimidas, porque esta ha sido pensada y diseñada exclusivamente para los intereses del capitalismo global. El imperialismo que mencionamos, representado por la institución militar estadounidense y organizaciones internacionales como la OTAN, a rebufo de estas lógicas de dominación, defienden los intereses económicos de las clases dominantes.

Esta geopolítica que mueve el mundo es completamente ajena a las sociedades, y debemos entender que luchar contra los regímenes políticos únicamente no es luchar contra el capitalismo como sistema de dominación global. Armonizar ese equilibrio entre luchas locales y luchas globales interconectadas desde ese corazón de la bestia y en coordinación con las periferias del neoliberalismo está en la clave de proponer verdaderas estrategias emancipadoras.

Deuda externa y extractivismo global

A nivel internacional, el mercado invierte en sus intereses y no en el bien común. Debemos ver en la lucha contra la deuda externa y contra el extractivismo de recursos y mano de obra humana un punto clave a nivel global para construir una fuerza social.

La mayor parte de la deuda pública de los países del sur ha cambiado mucho de acreedores; a finales del siglo XX eran países de Occidente e instituciones como Banco Mundial y FMI, mientras que un tercio de la deuda se debe actualmente a tenedores de bonos, mercados financieros y fondos de inversión globales que han acumulado más poder que los propios países. Otro tercio de estas deudas sí que siguen en manos de estas instituciones económicas internacionales, y el último tercio correspondería a China como sujeto acreedor principal. Está originándose una nueva oleada de austeridad económica, cambiando la retórica de los inicios del siglo XXI, puesto que sí que se solicitan recortes a los países occidentales, pero no así a países emergentes y del Sur Global, a quienes no les animan a esa austeridad, sino al contrario, al desenfrenado consumo.

Existe un vínculo entre las deudas de los países y la emergencia climática, debido a la inversión en adaptación y mitigación de esa huella ecológica, con costos mayores en los países con más riesgo climático. Esto les empuja a una mayor explotación de recursos naturales y combustibles fósiles para paliar estas exigencias energéticas. La deuda es una extorsión no solamente semántica, es una realidad material porque es un producto financiero que se renegocia en mercados secundarios pero con consecuencias primarias en el impacto de la vida de las personas. Deuda y especulación a día de hoy son sinónimos, hemos naturalizado que los bienes comunes sean financiados por los mercados, que el Estado acceda al mercado y que las políticas públicas, por lo tanto, estén a tenor de esas fluctuaciones.

Existen tibias propuestas de las sociedades para la cancelación de la deuda externa y las luchas contra el extractivismo de recursos. En la actualidad no existen ya apenas movimientos antiglobalización que pongan este tema sobre la mesa; además, los propios países del Sur Global solicitan reforzar la capacidad prestataria de instituciones como FMI y BM, se está solicitando dinero en lugar de reclamar una condonación de deuda. Resuenan esperanzadores algunos movimientos de coordinación, como por ejemplo en algunos países africanos, que tratan de unirse para hacer frente desde una posición de autonomía financiera. Además, se intenta con una vinculación a los movimientos por el clima y el medioambiente.

Una salida a estas cuestiones sería creando el colapso de estos bancos y dejando de pagar masivamente esa deuda, tratando de arrebatarles el poder económico actual creando otra clase de relaciones que no se vean enturbiadas por esa dominación de la que se parte y sostenida por la propia deuda. Incluso ese colapso arrastraría a gran parte de la economía social, también la no financiera. Para ello habría que tener igualmente organizaciones sociales y políticas preparadas para soportar ese ataque, como una red que no solamente sostenga, sino que sea el germen de otras entidades sociales que tengan de su lado la soberanía alimentaria, energética y de salud. La alta dependencia en esos aspectos, y no tener unas estructuras sociales de superación y recambio, hacen imposible ese paso adelante; sin soberanía social no se puede desconectar de esa dictadura financiera.

Crisis climática, sanitaria y precariedad laboral en el sur europeo

El mar Mediterráneo europeo se ha erigido como una inmensa tumba de migrantes, al igual que en el pasado lo fue el Océano Atlántico y el mercado de esclavos en la modernidad. Otros territorios son auténticas jaulas donde la represión y el exterminio no se pueden camuflar aunque sí mantener impune, como por ejemplo, Palestina. Pero también, igualmente, existen suburbios europeos en ciudades como París, donde la mentalidad y las políticas colonialistas y racistas nunca han sido eliminadas, y siguen actuando fuertemente en connivencia con las precariedades laborales.

En esta década, además, hemos podido vivir una pandemia, un gran acontecimiento sanitario y global que ha modificado gran parte de las perspectivas políticas, consolidando ciertas estructuras coercitivas. Sin entrar en discusiones poco esclarecedoras sobre los orígenes biológicos, artificiales o ecológicos del virus; la consecuencia ha sido la instalación de un régimen de represión que suma al caos social provocado por el sistema con su precariedad. En el ámbito del Mediterráneo europeo, hace ya bastantes décadas que a través de golpes de Estado, como el de los Coroneles en Grecia, los denominados años del Plomo italiano, o la guerra sucia española contra el movimiento obrero, el sistema capitalista se impuso a sangre y fuego. Se generaron las condiciones específicas de precariedad laboral, privatizaciones posteriores de sectores públicos, reconversiones industriales, pérdida de bienes comunes y de autonomía en general. Esto se traduce en un mercado laboral a medida de los intereses de la clase dominante, una pérdida de derechos colectivos y la búsqueda de soluciones individualizadas.

Otra idea clave extraída de esta apisonadora del neoliberalismo es la inserción del concepto del colapsismo, es decir, el colapso y derrumbe agónico del sistema como un proceso en el tiempo que conlleva varios episodios de crisis económica, climática y energética. Ciertamente, comprarle al capitalismo la idea única del colapso sin más remedio es lanzarse a los brazos de la ideología ecofascista, es decir, dar la razón a aquellos darwinistas sociales que piensan que sobra gente en el planeta. En realidad lo que sobra es una clase dominante que es la responsable de ese proceso de crisis cíclicas y de reparto desigual de bienes y de recursos. También está como telón de fondo la cuestión de crisis cultural y de pensamiento que sufre Europa, materializada desde un punto de partida colonizador e ilustrado, que siempre ha supuesto cavar nuestra propia tumba.

Los ciclos de movilización social están íntimamente vinculados a estas ofensivas del capitalismo, así como su represión y el apaciguamiento a través de vías socialdemócratas. La cresta de la ola reaccionaria que estamos viviendo se debe en gran parte a la irresponsabilidad de la izquierda parlamentaria europea, ya que se vienen fraguando unas condiciones precarias y de explotación actuales debido al neoliberalismo desde los años 90. En el primer cuarto del siglo XXI ha habido un intento de frenar este avance capitalista global a través de movimientos sociales neorreformistas que han eclosionado en partidos como Syriza o Podemos. Sin embargo, en países mediterráneos como Grecia, España o incluso Portugal, una vez experimentada la esterilidad de esa vía institucional como una senda válida para presentar liza al capitalismo, en el segundo cuarto de este siglo se reactivará un ciclo de lucha más intenso que, seguramente, supere esas limitaciones reformistas y se tienda a organizaciones con una impronta revolucionaria más profunda. Además, la continuada pérdida de derechos civiles por parte de colectivos de mujeres, migrantes o de las luchas LGTBIQA+ está siendo una consecuencia de esta ola reaccionaria que vivimos.

Conclusiones al contexto internacional

Con este panorama global y territorial se hace necesario coordinar la revuelta para organizar la revolución o transformación social desde su raíz. El objetivo no es la reforma del sistema, está tan podrido y su base moral es tan contraria al bien común de las sociedades, que solamente su destrucción es una salida conveniente y coherente. Pero bien sabemos que toda destrucción debe ir a la par de la construcción de unas bases donde se desarrolle la autogestión en igualdad y libertad, por lo que un frente relevante de esa lucha frente al capitalismo debe ser la organización federativa entre distintos colectivos, plataformas y otras entidades anarquistas a nivel global, y tratando de abarcar los niveles intermedios necesarios para lograr una unidad de acción y táctica.

Sabemos también que la toma de ese poder autoritario es completamente inútil, sus instituciones, su tecnología, y sus burocracias internacionales no son de ninguna clase de utilidad para las oprimidas. Ni por la vía institucional ni por la de la revuelta queremos tomar ese mismo poder que solo nos traerá más ruina. La revuelta global debe encaminarse a superar los espacios de autonomía porque en algún momento habrá que hacer frente al capitalismo, que se defenderá con todas sus armas y brutalidad. La perspectiva estratégica que logremos implementar con acción social será determinante en ese objetivo, y en la dialéctica entre autodefensa y ofensiva para dar los pasos necesarios para construir esos mundos nuevos que llevamos en nuestros corazones.

Nota preliminar: Antes de empezar con este punto se hace imperativo para el análisis de una organización con las pretensiones políticas de Liza dejar absolutamente claro que, aunque consideramos a todo el marco electoral como implicados en el régimen de gobierno y del mantenimiento del statu quo, simplificar y hablar del Partido Burgués en genérico nos parece tan efectista como poco útil. Comprender las diferencias y peculiaridades de cada organización política es necesario para hacer una correcta lectura del ciclo y poder extraer conclusiones prácticas para guiar nuestra estrategia. Estamos completamente en sintonía con las lecturas políticas que saben que los partidos reformistas y las organizaciones sociales y obreras de masas hace mucho tiempo que sirven para la gestión del conflicto social y de clase, y cuyo principal objetivo es desviar las fuerzas sociales con carácter transformador hacia procesos anecdóticos de descontento.

A nivel nacional

El centro izquierda

Tras la moción de censura a Mariano Rajoy en mayo de 2018, y el consiguiente gobierno de Pedro Sánchez en minoría, el escenario de la política nacional viene marcado por el gobierno autoproclamado como más progresista de la historia de España de la coalición entre Unidas Podemos y el PSOE firmado en enero de 2020. La participación en la gestión del estado por sectores de la izquierda institucional ha supuesto un cambio de paradigma en la historia de la democracia del régimen del 78. No solo es el primer gobierno en coalición, sino que es la primera vez que forman parte del gobierno central partidos políticos procedentes del espectro político institucional a la izquierda del PSOE, en este caso; Podemos, IU, PC y Catalunya en Comú.

Esta entrada en el gobierno se ha planteado desde muchos sectores de la progresía mediática y política como la culminación del ciclo político de movilizaciones comenzadas en el 15M. Si aceptamos esta premisa, tenemos que entender que la emergencia de Sumar, la debacle electoral de las formaciones progresistas de las elecciones municipales y autonómicas de 2023 y la fragmentación y el conflicto cada vez mayor del espacio político en torno a Podemos, supone una fase de crisis y posterior recomposición del espacio neorreformista.

Si bien es cierto que hemos asistido a la activación de todos los resortes mediáticos y estatales de presión y agresión mediática a la formación morada y a sus principales líderes, asumir el análisis propuesto por Podemos que explica el momento político actual de claro retroceso del apoyo ciudadano a su proyecto por la persecución recibida parece, cuanto menos, reduccionista. Es un claro intento por ocultar lo que se ha hecho patente con su entrada en el gobierno: las limitaciones de la estrategia populista reformista que se evidencia en la imposibilidad de implementar medidas reales.

La no derogación de la ley mordaza y las cosméticas reforma laboral y ley de vivienda son los ejemplos más obvios de lo infructuoso del camino emprendido. Esto se suma a las limitaciones de las medidas sí logradas como la subida del salario base, que dada la subida de inflación no ha supuesto un aumento real del poder adquisitivo de la clase trabajadora; o la creación del ingreso mínimo vital, que está mostrando carencias en su implementación y llegada. A esto se debe añadir que algunas de sus medidas más populares han supuesto la fractura de las bases sociales en que se sustentaban, como la ley del solo sí es sí y la denominada ley trans.

Si además consideramos los procesos intestinos llenos de traiciones y ajustes de cuentas, las fracciones en partidos aún menos beligerantes, las formas hiperpersonalistas completamente alejadas de ningún atisbo de democracia de base, las derivas populistas tecnócratas, la creciente disolución de las mínimas bases que sostenían estos proyectos de nuevo cuño y las rupturas dentro de los que tenían mayor tradición; tenemos el cóctel perfecto para la apertura de un proceso de reconfiguración (quizás hasta de descomposición en la fuerza morada).

En este panorama de guerra interna, exacerbado ante la necesidad de construir una lista unitaria para las elecciones generales del 23-J, la formación de Ione Belarra y su cuadrilla mediática apuesta por una radicalización de su discurso, que es una completa impostura a la vez que añade otra vez más una “alerta antifacista” electoral del que se sirven para movilizar el voto azuzando el miedo.

El objetivo de Sumar y de Yolanda Díaz parece el de mostrarse como una fuerza política capaz de aglutinar a la izquierda reformista bajo unas formas menos conflictivas (que ella vincula al feminismo) que no asusten al electorado. La estrategia parece entender que hay más que pescar por el centro del tablero, ya que la izquierda, huérfana de opciones, no tendrá más remedio que apoyarles; y a la par el PSOE tendrá menos dificultades para justificar la renovación de una coalición esta vez sin el poder de Pablo Iglesias.

A su vez, la antigua dirigente de Esquerda Unida (PCE), como Ministra de Trabajo se vanagloria de haber conseguido la implementación de una reforma laboral con el consenso entre los representantes sociales. Esto no significa otra cosa que la asunción de una reforma laboral a la medida de la CEOE y el rescate simbólico de los sindicatos amarillos CCOO y UGT citados a una mesa donde estaban convocados como representantes de las fuerzas trabajadoras organizadas. 

Una de las consecuencias más nefastas de este ciclo, y cuya responsabilidad es plenamente achacable a las formaciones reformistas, es el desplazamiento de la horquilla ideológica general hacia la derecha. Asumir políticas de derecha, ser completamente impotente en el cumplimiento de las demandas de la izquierda, arrogarse una impostada radicalidad y estimular el fantasma del fascismo han sido los mecanismos a través de los cuales ha cuajado la derechización en el Estado español.

Por último, cabe señalar como la entrada de Unidas Podemos en el gobierno no sólo no ha conseguido producir un efecto de desmilitarización y una reducción considerable en los aparatos represores del estado. Por el contrario, su presencia en el gobierno, ha favorecido una remilitarización efectiva a través de la confirmación de los compromisos con la OTAN y el aumento de los presupuestos armamentísticos; además de la obstaculización de un discurso antiimperialista y pacifista como el que se produjo con la invasión de Irak y Afganistán.

Un análisis sobre el final del ciclo neorreformista no puede dejar de señalar como una de las principales conquistas reales de la emergencia de Podemos el rescate efectivo al PSOE y al PCE, como espacios totalmente zarandeados por la desafección política aglutinada en el 15M. El cuestionamiento al régimen del 78 que pronto viró en un “con que se cumpla la constitución sería suficiente” no sólo permitió a la monarquía salir indemne de ese periodo de cuestionamiento popular, sino que permitió el reforzamiento del sistema clasista y de sus instituciones al desmovilizar las calles.

La derecha

Al igual que se ha producido una reconfiguración en el espectro progresista de la política institucional derribando las tesis autojustificadoras de los tres bloques de Iñigo Errejón, la derecha del PP ha terminado el proceso de reintegración efectiva del ala liberal representada por Ciudadanos. Quizás este proceso se ha podido acelerar tras una de las victorias mediáticas que se atribuye el presidente Sánchez: el apaciguamiento (cooptación, represión y desvío) de las cuestiones nacionales y en particular de Cataluña. 

Si bien el PP sigue manteniendo una estrategia eficaz de integración de todo el espectro conservador y liberal, la unión total se resiste gracias al aumento de los apoyos obtenidos por VOX. En este sentido, la presencia mediática de Abascal desde un populismo reaccionario, juega un papel parecido al de la pretendida radicalización de Podemos. Permite al PP en este caso, y a Sumar en el progresismo, aparecer como moderados.

La ola conservadora internacional que muchos investigadores y comentaristas analizan parece confirmarse en España. El problema es que esta lectura nunca viene acompañada de una crítica a la izquierda institucional, su impotencia transformadora y su asunción de medidas reaccionarias y de gestión del capital.

El éxito obtenido en las últimas elecciones municipales (39,5% más para el PP, 143,8% más para VOX que en las anteriores convocatorias) implica que van a conseguir gobernar en multitud de territorio y terminar de formalizar una coalición reaccionaria que atentará contra los logros conseguidos en derechos sociales para la mujer, las personas LGTBQ+ y las personas migrantes, a la vez que un retroceso en las medidas de ayudas a todas las personas en situación de precariedad. 

Economía

Si bien en el primer trimestre del 2023 los datos de inflación han sido mejores de los pronosticados, la inflación subyacente en torno al 6% supone un aumento de la carestía de la vida incluso en los productos más básicos y de primera necesidad. Si sumamos esta situación a los efectos demoledores de la crisis financiera del 2008, y la crisis social y sanitaria del Covid 19, se está produciendo una reducción drástica del poder adquisitivo de la clase trabajadora del Estado español.

Aumentan en un 33% las daciones en pago de familias que no pueden afrontar su hipoteca mientras el Euribor roza el 4%, lo que supone un incremento de las hipotecas de tipo variables (Ej: préstamo medio de 180.000 euros a 25 años con un diferencial 1% sobre el euríbor pasará de 750€ a unos 1.044€). La presión sobre los alquileres y la compra de viviendas hace que esta cuestión se haya convertido en la principal problemática en todas las encuestas.

Si bien la implantación de la “isla energética” ha reducido la tremenda sangría que las empresas energéticas estaban realizando sobre las economías familiares, esta se produce a costa de no cuestionar en un ápice la legitimidad de la propiedad privada y la falta de regulación en un sector estratégico. Cinco distribuidores controlan el precio de los alimentos lo que supone una concentración de poder de explotación en manos de unos pocos del trabajo del campo y de los bolsillos de los consumidores.

Muchos analistas advierten que en 2024 comenzarán a llegar las imposiciones europeas de recortes ya que la deuda con Europa ha alcanzado los mayores datos históricos, llegando al 113,2%. Entre este paquete de imposiciones, se avecina el temido más temido por Sánchez tras las movilizaciones desencadenadas en el país vecino por la subida de edad de jubilación.

Migración

Dos son las cuestiones cruciales de este periodo político en cuanto a las migraciones masivas que se producen huyendo de la cara más salvaje de este sistema: la petición expresa por parte del gobierno en la cumbre de la OTAN del calificativo “amenaza híbrida” de los procesos migratorios y el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara occidental.

En el primer asunto, con el fortalecimiento y financiación de Frontex y la categorización de los flujos migratorios como amenaza híbrida, no podemos limitarnos a entender que es un paso más en el enfoque securitario como miembros de la OTAN y de la UE. No estamos solo ante una artimaña más de las estrategias colonialistas e imperialistas, sino ante la evidencia de una preparación de las oligarquías nacionales ante el recrudecimiento de las crisis económicas, sociales y ecológicas a nivel global. La militarización de las fronteras y de los controles internos son parte de un proceso más amplio de control y vigilancia en pro de la defensa del statu quo.

En segundo lugar, el reconocimiento oficial de Pedro Sánchez de la legítima soberanía de Mohamed VI sobre el Sáhara, no solo incide en la estrategia de ampliación de las fronteras en el mismo sentido que Turquía en el otro extremo del Mediterráneo, ni en la claudicación de los sobornos sobre los tratados de seguridad, comercio y pesca con el vecino del sur (donde la palanca es la vida de los migrantes que se dejan la vida en las concertinas o que desaparecen en el Mediterráneo); es también la confirmación total de la falta de escrúpulos de los partidos del régimen para con sus principios y de la total impunidad con la que actúan ante sus bases y sus socios de gobierno. Un neorreformismo impotente ante el PSOE de la cal y de la valla de Melilla.

La reunión de Pedro Sánchez con la presidenta italiana, Meloni, donde llegó a afirmar que ambos gobiernos tienen la misma política de migración, y Yolanda Díaz poniendo de número 2 a Santos Maraver, defensor de la ocupación del Sáhara Occidental por parte de la dictadura marroquí es, quizá, la mayor evidencia de que en estas cuestiones el planteamiento de ambas formaciones ha completado el proceso de alineamiento.

Ecología y medio ambiente

Si bien los efectos del cambio climático son de carácter global, la claridad de su impacto se hace notar más en algunas regiones que en otras, a la par que adquiere manifestaciones características en cada entorno climático. En España, la sequía, el aumento del calor y la amenaza a los ecosistemas particulares es tan dramático como evidente, lo que contrasta con la falta de intervención efectiva en políticas de rescate del entorno y en medidas contundentes contra las principales promotoras de estos daños (en muchos casos ya irreparables), producidos por los intereses empresariales de la industria, la urbanización y el turismo.

Los vaciamientos de pantanos al servicio de los intereses de las eléctricas y de los empresarios del turismo, la implantación desconsiderada de parques eólicos, la ganadería y agricultura intensiva y brutal, la agresión constante a los espacios protegidos como Doñana, la incapacidad de potenciar políticas valientes y decididas por el urbanismo y el transporte razonable, la sobreproducción completamente insensata, etc.; son claros ejemplos de los procesos en los que estamos embarcados y que no reciben ninguna respuesta por parte de las instituciones políticas al servicio del capital.

A nivel local

Introducción

La ya célebre y bochornosa frase de la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso: “Madrid es España dentro de España”; evidencia un modelo altamente centralista dentro del Estado español. Un modelo de soberanía que supone no solo un nivel de desigualdad altísimo con otras comunidades y pueblos, sino que provoca una presión y un intento de control de los mismos por parte de la Capital. Esta política de control sobre el resto de comunidades y pueblos del Estado español no genera solo una resistencia por parte de las burguesías locales sino que juega un papel considerable en la fragmentación de las clases populares. Este discurso ha sido potenciado en los últimos años en un intento por constituir la comunidad madrileña como un espacio ultraliberal a modo “paraíso fiscal”.

Política local

La formación Ahora Madrid concurrió a las elecciones del Ayuntamiento de Madrid en el año 2015 como una candidatura ciudadana de unidad popular electoral liderada por Manuela Carmena para dirigir el ayuntamiento. Para la creación de la lista se organizó una coalición entre Ganemos Madrid, Podemos, Equo, algunos candidatos independientes de renombre y alguna formación menos numerosa. Tras obtener mayoría, consiguió la investidura gracias al apoyo del PSOE. Con Nacho Murgui como número 2 de la lista, procedente del movimiento vecinal del que fue presidente en su Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM); Inés Sabanés (Equo) nº 3, Mauricio Valiente (IU) nº4, Rita Maestre (Podemos) nº5 y nº6 Pablo Carmona del movimiento autonomista, municipalista y de Ganemos Madrid entre otros. En resumidas cuentas, se construye un conglomerado donde incurren independientes de diferentes perfiles de clase, partidos políticos del régimen, partidos neorreformistas y varios sectores del movimiento autónomo y municipalista.

Los escándalos se suceden tanto por la activación de todos los resortes mediáticos y represivos del régimen como por la imposibilidad real de cumplir el programa electoral. Entre estas cuestiones se puede destacar la imposibilidad de cumplir la promesa electoral de remunicipalización de los servicios públicos privatizados por el PP , la bochornosa Operación Chamartín, la imposibilidad de ofrecer unas mejoras consistentes a los espacios de gestión ciudadana, los problemas de las políticas de Participación Ciudadana o las crisis internas debidas a la composición del grupo y a su falta de una organización clara y democrática.

En septiembre de 2018, Manuela Carmena anuncia que intentará revalidar su alcaldía pero con una nueva plataforma llamada Más Madrid como un partido instrumental. La condición será que los concejales abandonen su militancia en otras formaciones lo que se facilitará tras la ruptura de Errejón e Iglesias y la construcción de su nuevo partido. Una fractura traumática y mediatizada en el corazón del neorreformismo que favoreció, junto con los límites previos señalados, que la formación de Carmena no pudiese revalidar la alcaldía de Madrid dando paso al consistorio de Almeida para el PP.

Mónica García encabezó las listas por Más Madrid en la Comunidad y ha destacado por su papel en la oposición sobre todo tras la crisis producida por la pandemia del Covid 19. La concurrencia por separado de todas las formaciones neorreformistas, las formas políticas cada vez más cercanas a un populismo tecnocrático (aquella estrategia política, principalmente comunicativa, que reclama la autoridad para el gobierno fundada en las capacidades y conocimientos de un individuo concreto frente a las organizaciones y su propuestas programáticas) y los escándalos internos de las formaciones, no han conseguido ayudar en la remontada anunciada por la izquierda institucional en las elecciones de 2023.

La desmovilización de las bases sociales y el apaciguamiento de su discurso, fuerza y raíz de esta izquierda neorreformista, en pos de una apuesta electoralista y parlamentaria; junto a la ofensiva de la derecha y sus medios de comunicación, han acabado de dar la estocada a estos movimientos, como hemos podido ver en estas últimas elecciones, viéndose obligados a refundarse en Sumar bajo las condiciones impuestas de Yolanda Díaz.

Regreso de la derecha

El liderazgo de Ayuso y de Almeida se ha mostrado indiscutible incluso por las fuerzas que pugnaban por el espectro de la derecha (VOX y Ciudadanos), lo que no quiere decir que la formación de Abascal no haya podido presionar en las políticas municipales, principalmente en su agresión a los llamados “chiringuitos de la izquierda”. Esto se ha materializado en una retirada de financiación pública a las asociaciones vecinales, la FRAVM y un ataque frontal a los espacios cedidos que han desaparecido en su mayoría.

El estilo político de la Presidenta de la Comunidad de Madrid es un factor de radicalización y polarización social. Su enfoque a escala nacional se sirve de todas las artimañas posibles con un estilo completamente desvergonzado que en muchos sentidos está funcionado para debilitar los apoyos populares de VOX. En términos materiales ha supuesto un recrudecimiento de la desigualdad geográfica dentro de la región entre norte y sur, y un ataque a los servicios públicos, en particular a la sanidad y a la educación dado que otros servicios ya se habían privatizado total o parcialmente.

Movimientos sociales

La agresión sufrida por los espacios vecinales y los CSOs ha reducido los centros de encuentro y coordinación. Muchos de estos espacios se encuentran en una constante amenaza de desalojo mientras que otros no consiguen superar unos posicionamientos que solo atraen a colectivos y grupos sociales concretos.

Caracterizar correctamente los movimientos sociales ecologistas, feministas, transfeministas, estudiantiles, antirrepresivos, antirracistas es una labor compleja pero imprescindible para el trabajo de una organización política a nivel local.

Uno de los movimientos más importantes de la última década a nivel global, nacional y local ha sido el protagonizado por las luchas feministas. Tras una demostración de movilización sin precedentes se ha entrado en un periodo de desmovilización y fragmentación. Otra vez, las razones de esta deriva son varias: hay debates cruciales dentro del feminismo que generan posiciones muy difíciles de reconciliar. Esto es aún más difícil cuando en sus espacios de reflexión y organización se producen intentos de burocratización desde la política institucional o desde otros sectores de base. Bajo este panorama, la institucionalización del feminismo y las constantes agresiones de los reaccionarios han ido haciendo mella.

Ante el cierre de muchos Centros Sociales -la Ingobernable, la Dragona, la Cava, la Traba-, principalmente por el gobierno reaccionario del Ayuntamiento de Madrid, hemos visto cómo en los últimos años se vuelven a crear nuevos espacios autogestionados en la capital que se suman a los pocos que sobreviven a base de resistencia -la Ferroviaria, la Animosa, Amparitxu, y la EKO, la Enredadera, o Bankarrota-. Por otro lado, cabe destacar el cierre o la desarticulación de la inmensa mayoría de Espacios Vecinales que optaron por la vía de cesión de espacios, lo cual ha evidenciado que esta opción se muestra nula en el medio y largo plazo.

Crisis climática

Podemos caracterizar dos colectivos diferentes que se están movilizando en torno a problemáticas relacionadas con el cambio climático y contra los procesos de destrucción del medio ambiente. Por un lado, el movimiento global Extinction Rebellion y otros muchos colectivos surgidos con el mismo perfil sociológico y con praxis y análisis político muy similares, como Futuro Vegetal. Realizando un análisis breve, por norma general su práctica tiende a realizar acciones con demandas amplias y generalistas, tienen un perfil más joven y vinculado a los círculos académicos y de formación, pero sin una politización vinculada a su práctica más allá del cortoplacismo.

Por otro lado están los movimientos locales, que se movilizan por intervenciones concretas en su territorio más cercano: la tala masiva de árboles, procesos urbanísticos descabellados o la implantación de centros de tratamiento de residuos, industriales o energéticos que amenazan directamente al entorno inmediato. En este segundo grupo el perfil es más cercano al del movimiento vecinal asentado en cada territorio y suele venir apoyado por organizaciones ecologistas y vecinales.

Desde movimientos anticapitalistas y también libertarios, están surgiendo cada vez más grupos de militantes que dotan a sus reclamas y denuncias ecologistas y antiespecistas de una base anticapitalista.

Urbanismo y ciudad

La apuesta por el sector servicios en la ciudad de Madrid no es solo un fenómeno con problemáticas laborales. La apuesta por una ciudad pensada para el turismo afecta en procesos de reorganización territorial y gentrificación, desigualdad presupuestaria entre zonas, arquitectura y transporte hostil e infradotado. Estos factores han llevado a que el precio de los alquileres aumente, ya que el parque de viviendas en alquiler se enfoca cada vez más a pisos turísticos (la oferta de alquileres en Madrid y Barcelona ha caído un 51% desde 2019 ). Esta caída de los pisos en alquiler ha llevado a un aumento de los precios en un 14% anual (lo que significa que un piso que cuesta 600 euros al mes, 7.200 al año, pasará a costar 8.200; información de Europa Press). Todo esto se traduce en un empobrecimiento de la clase trabajadora, además del aumento del número de viviendas en una clase rentista cada vez más rica.

El parque de vivienda pública ha pasado de tener 24.200 viviendas en 2005 a 25.000 en 2022, es decir un aumento de 800 viviendas (información de El Plural), un total de 49 al año sobre una población de 6 millones de personas. Como parte de este plan de paraíso neoliberal, se ha privatizado gran parte de este parque a través de la cesión a fondos buitre como Blackstone, lo que ha llevado a un gran número de desahucios. Esta campaña viene reforzada por las negativas de una regulación de la vivienda y está llevando a la clase trabajadora madrileña a un gran empeoramiento de sus condiciones, a la incertidumbre de su futuro y a verse arrancado de sus raíces teniendo que irse por motivos económicos de sus lugares de origen.

Los procesos urbanísticos se encuadran en esta misma lógica completamente alineada con los intereses del capital. El diseño de los extrarradios, el aislamiento de los vecinos y la privatización del espacio público para el uso de comerciantes y empresas son parte de este plan.

El asociacionismo vecinal envejecido, una federación debilitada y formas nuevas de movimiento vecinal. El movimiento vecinal arrastra un fuerte problema de recambio generacional. Los motivos son multifactoriales: ha cambiado la realidad de los barrios y también su composición social, las demandas se han vehiculado por medio de otros modelos de lucha, las asociaciones no han sabido hacer de sus espacios entornos abiertos e integradores y la mayoría de los conflictos se han vehiculado a través de la negociación liderada por la FRAVM.

A la par, la FRAVM y las asociaciones han vinculado su financiación y sus posibilidades de intervención a dinero público de subvenciones desde las instituciones locales o en prácticas de autofinanciación insuficientes y aun así dependientes del apoyo institucional, como las fiestas barriales. La crisis del Covid, la falta de nuevos socios y las presiones de la ultraderecha han generado un caldo de cultivo idóneo para la desfinanciación.

Algunas asociaciones o colectivos han conseguido escapar a estas dinámicas. Asambleas barriales más amplias y ligadas a procesos de conflictos cercanos con métodos y espacios alternativos de financiación y reunión y sindicatos de vivienda han conseguido un relevo vecinal. Estos espacios son muy mediáticos y atractivos para los colectivos de extrema izquierda dada su capacidad de atraer jóvenes con cierto nivel de politización.

Sanidad y educación

Otro de los puntos de ofensiva neoliberal en Madrid es la sanidad. Desde hace décadas, los neoliberales han tratado de acabar con ella a través de sistemas como el copago, la derivación de pacientes a la sanidad privada (ahora subvencionada), con unas urgencias ya saturadas que tienen colas de meses de espera. Los médicos especialistas también están al borde del colapso con listas de hasta años para una atención primaria de especialista, algo totalmente insalubre e inasumible, con la clara pretensión de empujar a la población a contratar seguros privados.

La ofensiva de estos neoliberales no deja ningún frente, ya que en este marco de expolio de la clase trabajadora a través del Estado se han tomado medidas como la subvención de colegios privados a familias con ingresos de más de 100.000 euros y la ampliación de los requisitos económicos a las becas para comedores escolares para familias, lo que ha provocado que las familias con menos recursos se queden sin recibir la beca porque se la llevan las familias con más recursos.

Covid y crisis

La gestión de la pandemia por parte de la Comunidad de Madrid es directamente criminal. No solo saliendo a la luz procesos de corrupción y clientelismo, sino a través de la prohibición de derivación de los mayores de las residencias a los hospitales provocando la muerte de cientos de personas. No obstante, ninguna de estas cuestiones parece haber debilitado su fuerza electoral.

Los movimientos sociales y los colectivos han sufrido mucho este periodo debido a las limitaciones de movilidad y a la posibilidad de convocar reuniones, marchas, eventos y todo tipo de protestas. El Estado y las fuerzas de seguridad han aprovechado para recrudecer la presión y la criminalización sobre los diferentes proyectos. No obstante, allí donde había cierta fuerza se ha demostrado una capacidad interesante para la adaptación a la situación y para la intervención en la realidad social. Se han creado o adaptado colectivos que han conseguido superar las lógicas asistencialistas y que han podido politizar la situación y construir y ampliar redes organizativas y de apoyo mutuo.

La liberación del sector de los cuidados se realiza también a través del deterioro de los servicios de asistencia públicos. Las empresas que compiten por las concesiones precarizan a sus trabajadores, lo que afecta directamente a la calidad de su servicio. Los demandantes de ayudas sufren un auténtico maltrato institucional a través de la creación de trabas burocráticas. En nuestra ciudad hay sectores amplios de personas abandonadas ante las garras de especuladores y ladrones.

Movimiento libertario

El movimiento anarquista madrileño viene marcado por las dinámicas que predominaron en los años 90. En 1994, en el seno del movimiento libertario hubo una ruptura entre JJLL y la CNT que llevó a esta primera a la adopción de una táctica insurreccionalista y al movimiento autónomo a una visión de organización informal. La apuesta generalizada del movimiento libertario por las prácticas organizativas de afinidad exclusivamente, ha desembocado en una atomización del movimiento, en una falta de relevo generacional debido a la dificultad de unirse a una organización y comenzar a militar y, finalmente, a no aparecer como una opción estable frente a proyectos de otras tendencias dada la falta de capacidad para tener un impacto amplio y continuado en los tejidos sociales.

El anarcosindicalismo se encuentra en un momento de reorganización y crecimiento que rompe con la deriva de caída en picado de las últimas décadas. La fractura dentro de la CNT ha hecho bastante daño al movimiento, sin embargo el anuncio de coordinación entre CNT-CIT, Solidaridad Obrera y CGT ha sido un anuncio esperanzador.

El Movimiento Libertario dentro de las asambleas vecinales, los centros sociales y los grupos antifascistas tampoco ha podido generar espacios de organización y coordinación.  Esta militancia ha acusado el cansancio y gran parte de estas iniciativas han acabado por tener una presencia residual de anarquismo. La debilidad del movimiento libertario también se ha constatado con la huida de militantes de los espacios estudiantiles al Movimiento Socialista. En este espacio social que atañe a la juventud, la falta de una organización capaz de consolidar estrategias de larga duración es una de las debilidades explícitas del Movimiento Libertario.

Reorganización del Movimiento Socialista

Las fracturas de las juventudes del MS con sus partidos de referencia implicados en el gobierno, ha generado una crisis y posterior recomposición en las bases juveniles. La debilidad del movimiento anarquista es un factor considerable para entender la supremacía de partidos en plataformas extraparlamentarias del MS en las coordinadoras antifascistas, grupos de barrio o de vivienda.

Conclusiones

La reorganización de la izquierda parlamentaria y la desmovilización de sus bases, ha acabado abriendo hueco a nuevas organizaciones extraparlamentarias. La pérdida de confianza en los partidos neorreformistas abre camino a nuevas prácticas de lucha social y política y a una creciente vuelta a las calles.  La debilidad de los partidos hegemónicos durante los últimos 40 años en la izquierda, la ofensiva neoliberal/fascista y el cansancio con las formas de organización autoritarias anteriores, también pueden representar un punto de inflexión para el recrecimiento del movimiento libertario y con él los movimientos de base.

Ámbitos de intervención

Etapa actual

Los análisis coyunturales realizados por los militantes de Liza y apoyados en un vasto corpus de referencias teóricas nos permiten señalar que, bajo la categorización construida de etapas macro, nos encontramos en un periodo que en nuestro entorno directo es de cierta conflictividad social. Esto supone aceptar que hay un alto nivel de descontento y que se elevan multitud de voces que problematizan el momento sociopolítico, pero que las dinámicas de conflicto no han desbordado ni de lejos los cauces propuestos por el sistema.

Objetivos generales de la etapa

En este momento es difícil predecir si pueden aparecer procesos de revuelta, pero parece lógico anticipar que el nivel de descontento y conflictividad social irá en aumento. Para una organización revolucionaria anarquista esto implica la necesidad de participar en esos conflictos sociales que emerjan con el fin de favorecer el aumento de la fuerza social, libertaria y especifista; permitiendo que, si se produce un recrudecimiento de la conflictividad social o de la represión sobre los movimientos de masas críticos, el movimiento libertario esté lo más fortalecido posible. También requiere de una aparición en los espacios de tendencia donde podamos empezar a caracterizar a los diferentes grupos y sus dinámicas, encontrar colectivos afines y poner en práctica nuestra intervención libertaria.

Objetivos específicos y ámbitos de intervención

Por una Federación estatal e ibérica de organizaciones especifistas: Liza se compromete con el trabajo efectivo de coordinación y lucha conjunta con otras organizaciones especifistas a nivel local, nacional e internacional.

Para el fortalecimiento del Movimiento Libertario y anarcosindicalista; apostamos por la creación de espacios para la coordinación, la alianza y el debate que puedan fortalecer a las diferentes organizaciones y colectivos en particular en el ámbito social.

Para el fortalecimiento y coordinación de los movimientos sociales con implantación local: trabajo activo en movimientos vecinales sobre derechos sociales básicos como la vivienda, la alimentación, la movilidad y la gobernabilidad. Nos embarcamos en la participación activa en asambleas barriales, sindicatos de vivienda, bancos de alimentos y otras iniciativas de denuncia política y autoorganización.

Implicación y fortalecimiento de los movimientos de tendencias: participación activa en las actividades, eventos y movilizaciones en las que se coordinan diferentes colectivos y organizaciones de tendencias diversas como el Primero de Mayo, el 8M, el Orgullo Crítico u otras coordinadoras.

Construcción de una organización fuerte con capacidad para integrar a nuevos militantes y capacitarlos para su participación plena y efectiva dentro de Liza: construcción de herramientas de formación y capacitación, implementación de técnicas de integración en los procesos militantes e impulso de grupos de trabajo y agrupaciones paralelas.

Impulso y fortalecimiento del movimiento juvenil, en particular del movimiento libertarios, que participe tanto de sus problemáticas específicas como en las del resto de la sociedad, y que se constituya como una entrada efectiva a las dinámicas de militancia.

as

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *