CÓDIGO ÉTICO MILITANTE

CÓDIGO ÉTICO MILITANTE

El siguiente texto es una herramienta fundamental en la ideología, en la formación y en la práctica de Liza. Pretende servir como guía para resolver preguntas éticas directamente relacionadas con la práctica del anarquismo social y organizativo y con los objetivos revolucionarios libertarios. Además, pretende responder a los cuestionamientos y alertas que aparecen dentro del Movimiento Libertario cuando interviene en el conjunto social. Aspira, por tanto, responder a qué nos referimos cuando hablamos de acción directa, intervención en espacios políticos, construcción de organización y formación de cuadros políticos/militantes. 

Como herramienta práctica debe ser un texto vivo, nunca finalizado por completo y abierto a modificaciones tras procesos de reflexión, crítica y debate conjunto. Será una guía de uso interno destinada a la formación de los militantes de Liza, que parte de un espíritu antiautoritario, horizontal y revolucionario, es decir, anarquista. Pero también será un texto público, con el que cualquier persona interesada pueda resolver sus dudas o articular sus cuestionamientos y críticas. En ambas versiones se explicitan los debates y modificaciones que puedan ir surgiendo en torno al contenido del texto y su relación con nuestra práctica.

Anarquismo Social y Organizativo

El anarquismo social y organizativo es una corriente dentro del movimiento libertario que hace especial hincapié en la formación de organizaciones específicamente anarquistas con el objetivo de intervenir en la realidad para potenciar la fuerza social de los movimientos de masas como paso necesario para construir un proceso revolucionario que permita la superación del sistema capitalista.

Esta particularidad estratégica no nos aleja de algunos aspectos comunes con el resto de corrientes. En particular, compartimos la necesidad de que la actuación anarquista debe mantener una coherencia entre principios, medios y fines, coherencia que debe extenderse al total de sus prácticas militantes.

Consideramos que en la actualidad no se ha problematizado lo suficiente dicha cuestión, ya que seguimos encontrando, dentro del movimiento libertario, prácticas sectarias, dogmáticas, represivas, puramente reformistas, opresivas, punitivas o autoritarias. Si bien es cierto que en los últimos años se han explicitado y combatido estas dinámicas1, seguimos teniendo el deber de no contentarnos con los avances realizados.

Esta responsabilidad es mayor cuando se pretende generar una estructura amplia y duradera que intervenga en los movimientos de tendencias y de masas. El código ético que aquí presentamos pretende tener la función de ser una guía que nos ayude a realizar este objetivo de actuar en coherencia con nuestros principios anarquistas. 

La militancia de Liza debe comprometerse con la asunción de los principios éticos, en consonancia con el planteamiento de construir una organización anarquista combativa fuerte con unidad teórico-práctica, compromiso que se extiende a la práctica cotidiana de los propios militantes. 

El objetivo político de Liza es fortalecer y ampliar los procesos de lucha revolucionaria. Para ello, los principios éticos pretenden combatir las derivas destructivas y contrarias a este fin. Explicitándolos, pretendemos problematizar radicalmente nuestra práctica revolucionaria. Este documento pretende ser una reflexión profunda de cómo queremos actuar.

Planteamiento

Creemos que un código militante completo debe ser integral e integrador. Es decir, que pueda aplicarse a todas las facetas de nuestra vida y de nuestra militancia desde una reflexión profunda y una práctica coherente. Entendemos que es la única manera de combatir toda forma de opresión y explotación: atacar y transformar las problemáticas transversales que atraviesan todas nuestras relaciones sociales. 

Es por ello que consideramos como un objetivo fundamental de nuestra estrategia revolucionaria el trabajo ideológico y formativo, que busque transformar nuestra manera de estar en el mundo como militantes y nos permita reflexionar sobre cómo incidimos políticamente sobre el mismo. Esto es lo que entendemos por trabajo de la personalidad militante, que tomamos de nuestras compañeras revolucionarias de Kurdistán: la reflexión y formación ideológica para que nuestro pensamiento, palabra y acción sean coherentes, en todas las facetas de nuestra vida,  con nuestros objetivos revolucionarios de liberación y emancipación de clase. Por tanto, solo así podremos llevar a cabo la transformación individual y colectiva necesaria para alcanzar una organización social socialista anarquista. Entendemos que esta es una condición necesaria pero no suficiente. Para ser efectiva, debe ir enmarcada dentro de una estrategia integrada de transformación revolucionaria, no es suficiente cambiar individualidades militantes. Dentro del sistema capitalista no es posible generar alternativas reales de emancipación de clase.

Uno de los medios que planteamos para acometer este objetivo es la implementación de mecanismos de crítica y autocrítica. Estos cumplen una doble función:

Por un lado la de equilibrar, contener y moldear la acumulación de poder por parte de las militantes. Puesto que, al criticarse a sí mismas y poder ser criticadas por cualquier otros militantes de la organización, sin importar su rango, su actuación queda condicionada y se controla que se rija por los intereses de la organización, que responden a su vez a los intereses de la clase trabajadora y las desposeídas2 en toda su diversidad.  Esta apertura a la crítica se aplica igualmente a la organización en sí misma como un total. 

Por otro lado, su segunda función es la de fomentar la reflexión y la transformación de la conducta y personalidad de las militantes para que sean cada vez más acordes con los valores que conducen nuestra lucha contra la dominación en todas sus expresiones. Así mismo, no se deben criticar únicamente las actuaciones en el marco de la organización, sino también en un plano más individual, la personalidad (entendida como un patrón recurrente y consistente de conducta).

Es fundamental enmarcar la crítica y la autocrítica en una cultura interna no punitiva, siempre desde el compañerismo, el respeto, la asertividad, el cuidado y el interés común de la organización y de sus integrantes. De otra manera, será perjudicial y no cumplirá con sus objetivos. Es por ello que construir esta cultura organizacional es una condición necesaria e imprescindible.

Posición interna y externa/individual y colectiva

El anarquismo siempre ha partido de la concepción de un sujeto individual y social opuesto al del ideal burgués capitalista. Desde este posicionamiento se han combatido las propuestas individualistas y personalistas, los protagonismos y autoritarismos, así como los proyectos que solo aseguran el progreso y el bienestar de unos pocos. Como enuncia el EZLN:

«Es nuestra convicción y nuestra práctica que para rebelarse y luchar no son necesarios ni líderes ni caudillos ni mesías ni salvadores. Para luchar sólo se necesita un poco de vergüenza, un tanto de dignidad y mucha organización. Lo demás, o sirve al colectivo o no sirve.«

Este principio de confrontación con el individualismo burgués no supone despreciar la libre individualidad, sino defender que la realización personal sólo es posible en un contexto horizontal de desarrollo colectivo.

  • Como sujetos revolucionarios y representantes de La Idea, es un deber ético constituir un ejemplo. Si estamos comprometidos con el bienestar general, debemos problematizar continuamente nuestras prácticas y relaciones sociales, para detectar y detener cualquier tipo de relación de dominación, abuso o maltrato, prestando especial atención al resto de discriminaciones. 
  • Debemos entendernos como sujetos de cambio inscritos en un sistema social heterogéneo, por tanto problematizar nuestras conductas y retraer nuestro ego es un valor al  servicio del bien común. 
  • Es imprescindible entender que nosotras mismas, y la sociedad en su conjunto, hemos sido condicionadas por un sistema opresor, desigual y depredador. Nuestra responsabilidad es comprender que nuestros actos y comportamientos están determinados por ello, para responsabilizarnos sin condescendencia y sin olvidar que la solución no es simplemente educacional, sino que debe ser demostrada con hechos, integrada en nuestra realidad cotidiana y enmarcada en un proceso de transformación total de la sociedad. Las intenciones o los meros cambios individuales no constituyen ninguna revolución.

Postura ante las compañeras de lucha

Crear organizaciones estables y fuertes implica entender que la colectividad combativa es el fundamento de la lucha, y que esta agrupación depende de factores relacionales. 

  • Debemos favorecer la integración y capacitación de las compañeras en los procesos de debate, organización y acción. 
  • No se trata sólo de dejar espacio y tiempo para que las personas se desarrollen, sino de favorecer y acompañar al proceso doble de deconstrucción y capacitación.
  • Debemos ser tajantes con comportamientos discriminatorios. Esto no debe ser entendido como relativismo moral, al contrario: el anarquismo se guía por una moral política basada en la horizontalidad y en la libertad, lo que implica problematizarlo todo para construir permanentemente un espacio crítico ante la dominación.
  • La militancia revolucionaria no puede limitarse a los momentos de actividad puramente militante. Nuestra realidad como clase trabajadora y desposeída en un sistema desigual debe conllevar una actitud combativa que maneje las herramientas de la solidaridad y el apoyo mutuo. 

Es importante entender que una política con dimensión humana y atenta a los cuidados no implica una delegación de responsabilidades. Precisamente, el único modo de afrontar el ámbito de los cuidados es a través del compromiso con la organización y con las compañeras desde una posición decididamente contraria al individualismo.

Respecto a la organización

Como representantes de una organización adquirimos un compromiso firme, consciente y libre, que implica una dedicación voluntaria al colectivo revolucionario y a la causa anarquista sin despreciar nuestras libertades individuales. Como miembros de un colectivo, nuestra militancia debe ser explícita. No practicamos el entrismo ni nos escondemos, y, aunque esto nos pueda cerrar algunos espacios o condicionar nuestra práctica militante, es la actitud que asegura nuestro proceder ético. 

En cada debate y decisión estratégica adquirimos el compromiso de coherencia y responsabilidad con lo acordado. La libre asociación implica justamente este compromiso. 

Sobre el movimiento libertario y La Idea

El movimiento libertario es un espacio heterogéneo y amplio. Si bien en su seno se producen diferencias políticas, debemos recordar que su cohesión se basa en los vínculos de afinidad entre sus militantes. Los diferentes colectivos que lo conforman son espacios combativos con una gran fuerza de atracción que debemos defender, resguardar y potenciar. 

  • Nuestra intervención en cualquier espacio político debe ser coherente con nuestros objetivos y principios, manteniendo siempre alerta nuestra convicción  antiautoritaria.
  • Nuestro propósito es fortalecer el movimiento libertario, ampliarlo, hacerlo atractivo y favorecer su organización y coordinación. 
  • Nuestras críticas deben ser propositivas, para combatir actitudes y prácticas contrarias a los principios del anarquismo y a los esfuerzos revolucionarios de emancipación de clase.
  • Debemos construir espacios de confluencia, apoyando y difundiendo las luchas de otros colectivos libertarios.

Posición ante entornos combativos de tendencia

En la lucha política no solo combaten las anarquistas. No podemos pensar que nuestro proyecto de superar el capitalismo y conseguir la emancipación de la humanidad es exclusivo. Evidentemente, esto no evita que debamos criticar las estrategias de otras tendencias si consideramos que son contraproducentes o incluso contradictorias. Pero asumiendo que muchos de los espacios clave para nuestra lucha estarán conformados por otras corrientes y tendencias. 

  • Estos espacios son reales y necesarios. Nuestro objetivo no es eliminar a otros colectivos y corrientes sino posibilitar espacios conjuntos de lucha sin renunciar a nuestros principios, objetivos y estrategias.
  • La única “táctica” posible es la participación (y la disputa honesta cuando sea necesario) en la creación de espacios plurales, amplios y combativos, contra el capitalismo y contra toda forma de dominación, explotación y discriminación. 
  • La creación de acuerdos es tan importante como la denuncia de su incumplimiento por parte de otras organizaciones. En el mismo sentido, estamos en contra de la burocratización o cooptación de los espacios de tendencias. 
  • Nuestra obligación es hacer de estos espacios lugares útiles para la revolución y la superación del capital por una organización social socilista anarquista. Por eso no los abandonamos hasta que sea evidente que son espacios contrarrevolucionarios irrecuperables. Eso sí, nuestro compromiso anarquista en ningún caso debe promover una ortodoxia que permita que las responsabilidades combativas recaigan en colectivos o tendencias contrarias al objetivo emancipatorio anticapitalista. 
  • Debemos prestar especial atención a los desvíos reformistas y a las manipulaciones y cooptaciones de los burócratas de los partidos, sindicatos y movimientos sociales.

Sobre los movimientos de masas

Los movimientos de masas son fenómenos de conflictividad social que no poseen una articulación profunda de objetivos anticapitalistas, sino que constituyen espacios amplios de reunión y confrontación dentro de los márgenes del propio sistema. Sus potencialidades y limitaciones dependen de nuestra capacidad y oportunidad  para intervenir en ellos.  Hay que tener en cuenta que en estos movimientos participan también proyectos desmovilizadores y canalizadores de la protesta.

  • Incluyéndonos en espacios amplios y abiertos, debemos reconocer y aceptar la participación de otras corrientes. Nuestro objetivo es procurar la creación de acuerdos y la confrontación con actitudes y prácticas autoritarias o burocratizadas, aportando nuestra experiencia, capacidad organizativa y proyección revolucionaria.
  • Con respecto a las derivas de cooptación y canalización institucional que llevan a la desmovilización, debemos ser combativos: señalando y contrarrestando su actividad.
  • No se trata en ningún caso de que las demandas expresadas no puedan ser satisfechas a través de reformas, sino de que estas demandas se articulen de manera sistemática y estructural: que superen las luchas concretas para apuntar a la emancipación de la clase trabajadora. 
  • Creemos en la importancia de la experiencia de lucha como la mejor forma de entender el funcionamiento del sistema capitalista y sus métodos de represión y cooptación.

Ante el poder y la autoridad represora

Al enemigo no le debemos nada más que el odio. Nuestras prácticas y estrategias de confrontación con el estado y el capital deben fortalecer nuestra organización, el movimiento libertario, los espacios de tendencia y los movimientos de masas de acuerdo con nuestros objetivos revolucionarios de superación del capital. El objetivo es adquirir mayor capacidad de lucha, para poder transformar estallidos de conflictividad social en contextos prerrevolucionarios que puedan derivar en procesos revolucionarios. Esto no implica un abandono de ninguna opción de combate por cuestiones éticas vinculadas con el pacifismo o el humanismo, sino que las estrategias y las prácticas siempre se dirigirán a ese objetivo: generar las condiciones favorables para derribar el sistema capitalista y el Estado.

Antipunitivismo

Si bien no aspiramos a la reconstrucción de sujetos y colectivos que adopten prácticas liberticidas y autoritarias, nuestro posicionamiento antirrepresivo y antipunitivo debe potenciar la deconstrucción y reeducación que posibiliten, si existe voluntad, el cambio hacia una posición política y moral libertaria. 

Por ello, asumimos un enfoque antipunitivista como método de resolución de conflictos, traduciéndose en un posicionamiento contra el sistema carcelario y la cultura del castigo. Se pondrá en práctica en las dinámicas de las asambleas y las gestiones del disenso.

Resolución de transformación de conflictos internos, gestión del disenso y dinámicas asamblearias

Es fundamental cuidarnos como militantes y salvaguardar la sostenibilidad y el funcionamiento satisfactorio y eficaz de la organización. Con ese objetivo establecemos mecanismos explícitos y consensuados  de transformación de conflictos internos y gestión de disensos. Cuidamos especialmente las dinámicas asamblearias, incluyendo la gobernanza y toma de decisiones, la comunicación, la gestión emocional, la conciliación y los cuidados entre nosotres. 

Feminismo

Desde nuestra organización, entendemos el feminismo con perspectiva de clase y transincluyente como base, rechazando el modelo individualista que vende el “feminismo” liberal burgués, y con perspectiva revolucionaria orientado a la ruptura con el estado y el capitalismo.

El análisis de género formará parte de los grupos de trabajo como contenido transversal, del código ético y de la formación interna de las personas militantes. Con carácter preventivo, se tendrán dos protocolos de actuación en caso de violencia y/o agresión machista, uno interno para miembros militantes de la organización y otro externo para personas ajenas durante los eventos de la misma. Creemos en la imbricación de las luchas y opresiones3 como una herramienta imprescindible para la emancipación de clase, reconociendo un sujeto heterogéneo , en la que se abarquen análisis y estrategias de las distintas formas de opresión.

  1. Principalmente gracias al análisis del anarcofeminismo y otras corrientes de pensamiento crítico, que permiten detectar comportamientos y valores opresores socialmente integrados y reproducidos en nuestra vida cotidiana. ↩
  2. Escogemos este término porque creemos que “clase obrera” no recoge la realidad actual, pero seguimos reflexionando y tratando de definir el término adecuado. ↩
  3. Escogemos el término imbricación (Jules Falquet) en vez de interseccional debido a que el término interseccionalidad hace referencia al cruce de categorías y asume que tanto ellas como sus sistemas de opresión son autónomos (metáfora de una autopista), en el que la clase, el género, la racialización, etc. no se cruzan ni se conectan. Es decir, no es una propuesta de acción política. En cambio, imbricación es un concepto dónde las categorías sí se dan en conjunto, trabajan en relación y no son autónomas, se tejen de manera que la lucha contra el sistema opresivo conlleva que se imbrican las perspectivas, se establezcan alianzas y se trabaje en múltiples direcciones. ↩

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